07 junio 2016

LOREA

Existe esa familia que el mundo te da, y esa otra que tú eliges; tus amigos, aquellos con quienes empiezas de cero, viajas y descubres que, casualidad, estaban ahí para ti. Y del mismo modo tú para ellos. Y hoy esa familia crece y el corazón multiplica su amor. Bienvenida Lorea.

Tengo muchas cosas para ti, llevo meses pensando en el día de hoy y todo lo que imaginaba se quedaba corto. Tus pequeñas manos, tu fuerte corazón, tus piececillos... Guarda estas palabras porque algún día lo recordaremos y nos reiremos ¡cuánto te costó salir! Pero aquí estas, madre mía... Y cómo se puede querer tanto a una cosa tan pequeña? Algo que acaba de llegar a tu vida!? Alguien de quien hablas y se te hace un nudo la garganta... 

Todo eso eres en a penas unas horas y lo eres gracias a mamá que me ha sabido entender, que me ha hecho reír, que es una mitad, una hermana de esas que tú eliges, un corazón hermano. Una mitad. Nos vemos en la vida.

 

PISTANTROFOBIA (Capítulo 1)

De repente suena el primer disco de Lady Gaga.
Te recuerdo como aquel que estaba a mi lado cuando sonaban las primeras canciones de aquel disco.
Nadie confiaba en aquella loca que se parecía sospechosamente a Christina Aguilera, nadie excepto nosotros.
Te quiero, claro que te quise. Pero me cuesta mirar hacia atrás y recordar si era feliz. Imagino que sí, que los días fueron sucediendo a las noches y poco a poco fuimos adentrándonos en un mar de sentimientos del que era imposible salir... Imposible creía... Hasta que una mañana de primavera me dijiste que se acababa, se terminaba.
 A penas hacía unas horas habíamos hecho el amor en el sofá de casa, habíamos salido al cine y nos habíamos entretenido con algo de comida basura... Un Burger King si no recuerdo mal.

Me imagino en aquella esquina de un restaurante cuya cristalera daba a una carretera mirándote enamorado, ensimismado, mientras por tu cabeza pasaban las diferentes maneras en las que decirme que me dejabas, que ya no me querías... Y yo, conociéndome haría bromas sobre esto o sobre aquello pero tú, seguramente no me escuchabas.

Mi vida había cambiado mucho: era la primavera del 2007 y había dejado muchas cosas atrás: casa, familia, ciudad... Da igual. El amor es eso que lo mueve todo: empieza por el estómago y acaba con los arraigos.

Recuerdo los largos viajes en autobus hasta tu casa. Especialmente recuerdo una nochevieja en la que me presenté de sorpresa; a penas cené un sandwich en casa de unos desconocidos para que cuando llegaras al bar donde ibas a celebrar el cambio de año con tus amigos... ¡Ahí estuviera yo! Esperándote con una sonrisa, una habitación de hotel y una cama doble. Recuerdo la camisa de rayas granates que llevaba, recuerdo también tus lágrimas al verme. Recuerdo el despertar del día siguiente como uno de los mejores del mi vida. Recuerdo la manta verde que nos tapaba cuando en medio de la tarde nos apetecía acurrucarnos y dormir en tu casa mientras veíamos alguna serie. Recuerdo tu espalda grande y tus grandes manos. Recuerdo ligeramente tus besos. Me acuerdo de tu familia y el cariño que les tengo. Recuerdo que decidiste venirte a vivir conmigo y a penas 30 horas después estabas arrepintiéndote. Recuerdo aquella mañana de primavera y mi empeño en que lo pensaras, en que meditases, en que nos diésemos un tiempo inútil porque todo estaba decidido. Recuerdo aquel mediodía que quedamos para comer y aquel café con leche y hielo que fue el último. Recuerdo muchas cosas y no recuerdo nada. Recuerdo que una noche, pasado un tiempo y con una excusa absurda te invité a mi casa, y recuerdo lo que pasó. Igual que otra vez que nos encontramos en medio de la calle a la hora de ir a casa... Y acabamos en la misma cama.

Me cuesta mirar hacia atrás y recordar si era feliz, imagino que sí porque nunca me ha gustado estar en aquello en lo que no creo. Y si estaba era porque creía, y si creía era porque me hacía feliz.

Mis prioridades han cambiado, yo he cambiado. Han pasado muchos años, mucho tiempo buscando razones para olvidar y sobretodo para comprender. Y el tiempo ha puesto todo en su lugar.

Tú a 400km de distancia en una vida a todas luces bonita. Yo, aquí, en el mismo sitio al que llegué cuando soñaba una vida contigo, pero todo en mi es diferente. He aprendido muchas cosas; te he necesitado para ser quien soy.

Ruben Perdido


... Y DEJÉ DE CREER EN LAS PALABRAS


Mírate.

Sobre lo alto de una montaña.

Sobre la cima más alta. Rodeado de nada gritándole al mundo tus bondades.

Pequeñito, insignificante, pero sabes proyectar tu voz: no me llamas pero te oigo.

No me tocas pero te siento.

Ni me miras, pero te veo.

Un escalofrío recorre mi cuerpo si me piensas.

La inmensidad que observas, también la observo yo.

Tú resoplas, mueves la luna y del otro lado... del otro lado yo.

Mírate: pequeño e insignificante. 

Un infinito a tu alrededor: Tú y tus palabras. Tú y tus silencios.

Mírate. Cuántas cosas eres capaz de decir, ¿Cuántas capaz de callar? 

Mírate. Búscate. Siéntete. ¿Estás ahí? 

Parado, detenido, quieto. En lo alto de la montaña, mirando el infinito. Mirando cómo el tiempo pasa, las hojas caen, los vientos se llevan las promesas vacías, las auroras boreales, la nada. Mírate. ¿Qué haces? ¿Qué observas? ¿Cuántos colores distingues en la oscuridad?...
 
Por encima de ti y todo aquello que gritas... tus actos. 
Por encima de ti tus actos. 
Siempre por encima tus actos. 

Puedes gritar tan alto como quieras, escalar montañas más altas, buscar el eco del infinito, el silencio de la madrugada, el acompañamiento de las hienas o la rabia del dolor que toda aquella palabra que no acompañes de un acto será muda, inexistente, vacía.

Hace mucho que no escucho lo que dices, escucho lo que haces. Hace mucho que no escucho nada.
 
Ruben Perdido.


PENSAR EN TI


Últimamente pienso mucho en ti.

Quizá mas de lo que me puedo permitir, más de lo que dice la teoría que lo haga. Tendrá que ver el hecho de pasar por aquel sitio que antes solo era una plaza y después se convirtió en el sitio en el que nos vimos por primera vez. O sentarme en aquella estación de metro que antes era una más pero ahora es donde nos dimos el primer beso. También mi cama que guarda el aroma de tus abrazos después de un tiempo sin vernos, el suelo sobre el que piso que podría haber sido tuyo. La almohada que me falta, tú. 

Igual te crees que ya no pienso en ti porque no te escribo, porque te eliminé de mis redes sociales, de mis mensajes diarios, de mi rutina. Es posible que pienses que soy mucho mas feliz ahora que no estas a mi lado poniéndole zancadillas a mi felicidad. Quizás en tu cabeza aún quede un rescoldo vivo, una llama viva que dé espacio a la esperanza y que del mismo modo que echo de menos lo que eras cuando te conocí, también lo hagas tú. Tu mirada, tu sonrisa, tus revolcones locos, tu energía. Tus ganas. Tu amor. Las pequeñas locuras que me deshacían, las ganas por vernos. Un tsunami se lo llevó, se lo llevó todo por delante y a mi me dejó desierto. Últimamente pienso mucho en ti y tiene que ver más bien con la llegada de la primavera que me enreda, que me enciende y que me recuerda todas las puertas que dejé sin cerrar donde se cuelan las enredaderas de remordimientos que aún están por florecer.

Ruben Perdido.

 

AUTOBIOGRAFÍA


 

Yo muchas veces "me siento solo". Digo, ¿qué hago aquí!? Trabajando para otros, gastándome todo lo que gano entre la casa, el teléfono y la comida... A veces comiendo en una mesilla de cara a la pared porque es el espacio que tengo para hacerlo.

Casi sin amigos y sin plan ningún sábado a la noche. Internet no funciona en esta casa, y no tengo espacio para hacerme un huerto con plantitas de las que alimentarme, algo que me encantaría.
Muchas veces me pregunto si me equivoco estando lejos de mi familia, con quien hacer planes, quienes se hacen mayores.

Vivo en una de las calles con más vida de Bilbao y me asomo a la ventana y veo a la gente haciendo cosas con sus colegas, con sus amigos... Y yo me siento en la cama y me pongo una serie en el ordenador o leo algo sobre la felicidad. La teoría siempre se me dio muy bien. 

¿¡Sabes cómo es mi capacidad de amar!? Dejé Valladolid para venirme y vivir esta vida por amor. Sin conocer a nadie más que a quien era mi pareja. Dejé de lado una vida cómoda, un trabajo que con 20 años me daba mucho dinero, viviendo en casa de mis padres por pasar todo tipo de penurias aquí en algo que ni si quiera es ni lo mío. ¿ y qué es lo mío? En ese punto estoy. Pero encontré una vida. O la vida me encontró a mi.
Intento transformar todo ese montón de mierda en energía positiva, en gasolina con la que hacer que mi día a día tenga sentido. Y así agradecer al jefe un trabajo en el que poder desarrollarme, conocer gente, salir cada día de mi casa y obligarme a peinarme. Sino mi tendencia sería a quedarme en chándal siete días encerrado comiendo basura que pediría a Just Eat. Gracias al trabajo me pago una ventana desde la que puedo observar como los demás disfrutan y aprender a disfrutar de ello. También gracias a ello he conocido a algunos de mis pocos amigos, los puedo contar con los dedos de una mano. Soy incondicional para ellos. Si no son más seguramente sea mi culpa. He tenido que decir que no a muchos planes: para poder vivir desahogado he tenido que trabajar de día y de noche y a veces sin dormir volver a trabajar.

Hay cosas que ya no volverán a pasar, aquellas que me restaban energía no porque fueran malas ni buenas sino porque me hacían plantearme: ¿¡es realmente esto lo que quiero: estar aquí y ahora!? Porque no me daban espacio para fluir, para recapacitar. No me dejaban tiempo para tumbarme en mi cama y meditar hacia dónde quiero ir, qué quiero ser. Y sobretodo no me dejaban tiempo para disfrutar de lo que realmente me apetece hacer. 

Ahora que me he liberado de hacer las cosas que no me llenan ni en mi mente ni en mi agenda tengo mucho mas tiempo para pensar sobre mi. ¿Es eso bueno?

Quiero vivir la vida tranquilamente, ser decidido en mis planes, fuerte contra mi naturaleza hastiada. Ser niño otra vez sin perder un ápice de experiencia; equilibrarla con la inocencia. Volver a salir, a conocer gente, a perder el control que me ha invadido en nombre de la responsabilidad.

Antes era divertido, soñador e idealista. Ahora sereno, realista y centrado. 

Sentirse solo no es una cuestión sobre cuánta gente te rodea sino sobre cómo te conectas con los demás, un sentimiento de vacío que por mucho que te prometan, nadie puede llenar excepto tú. Entornos donde no te encuentras, autocomplaciencia, eliminación de la posición proactiva y sumirnos en microdepresiones basadas en tener siempre la palabra correcta para los demás pero pocas veces para uno mismo.

Seguramente al leer esto una primera reacción sea decir: eh! Que yo estoy aquí! Y lo sé. Sé que estás ahí, te noto. Pero ahí no es aquí, en esto que a veces me invade por dentro. Y ahí no hay un timbre al que llamar para poder entrar, no hay una llave, no hay una radiografía mágica ni media botella de coca-cola que abra la cerradura. Únicamente cuando uno mismo asume que quiere dejar entrar a los demás es cuando esa puerta se abre.

Rubén Perdido.

¿AMIGOS? LO QUIERO TODO


¿Amigos? Lo quiero todo: tu rostro sereno al despertar, las arrugas de la sábana marcadas sobre tu cara. Tus arrumacos musitando el desayuno, tu torpeza de primera hora y la maravillosa ducha juntos. Enjabonarte, enjabonarme. Perderme en tus muslos, abrazarte por la espalda y detener el tiempo

¿Amigos? Lo quiero todo: quitar el jabón que quedó entre tu barba, cepillarnos los dientes juntos frente al espejo, agarrarnos de la mano y salir a pasear. Sostenerte y que me sostengas. Y al despedirnos suspirar, mirar hacia atrás cuando te pierdes entre la gente y observar el móvil esperando un mensaje; que a media mañana suene y seas tú diciéndome que has visto un rayo de sol que te recordaba a mi. Y que pasen las horas lentas y que el día acabe con una llamada mientras preparo la cena. Que suene el timbre y seas tú de sorpresa, que simplemente vienes a darme y beso y las buenas noches. 

¿Y ahora me dices que quieres que seamos amigos? Lo siento pero contigo lo quiero todo.

 

NO ESTÉS TRISTE


No estés triste: la tristeza acelera todo lo malo, atrae lo negativo y rasga desde dentro cualquier esperanza. La tristeza nos desarma en un instante y no hay pegamento que una lo que con lágrimas se rompe. La tristeza no es un estado por sí mismo, es una actitud que eliges en tu libertad y que en tu libertad puedes cambiar por un pensamiento positivo, tranquilo y seguramente más cercano a la realidad. 

Nos gusta el tremendismo, lo entiendo, pero eso no nos trae más que malos ratos, no cambia nuestro destino ni nuestro futuro, sin embargo resquebraja nuestro presente. 

Sin embargo una actitud positiva amplía la sonrisa y por tanto mejora la más importante de las miradas, tu felicidad. Una actitud positiva desarma todo aquello que quiere hacerte daño. 

Y si te cuesta; engaña a tu cerebro: levántate con ánimo, finge una sonrisa, libera endorfinas, aliméntate, júntate con buenas compañías, haz lo que te apetezca y lucha por lo que te plazca. No dejes que nada ni nadie destruya tus ilusiones, ni que se empañe tu mirada antes de tiempo, y deja que sea el tiempo el que decida y no tú y ni tus prisas. Caer en depresión es vivir el pasado por encima de nuestras posibilidades. Obsesionarse con el presente nos puede empujar al estrés. Guiar nuestros pasos pensando en el futuro nos lleva a la ansiedad.

Sé positivo y nada podrá pasarte.

Rubén Perdido.


REFLEXIONO


Me preguntan si estoy bien porque reflexiono, porque pienso. Porque digo que no, porque me mantengo erguido pese a tropezar contra una roca, porque creo en el amor aunque el amor no haya creído en mi. Porque sonrío sin razón y otras cosas, sin embargo, ya no me hacen gracia. Porque cierro los ojos al viento y camino en dirección contraria. Porque cocino con tanta pasión que pareciera que intento escapar. Porque escribo sin intermediarios entre mi corazón y mis manos. Porque me sonrojo ante un piropo y decaigo ante una injusticia. Porque aprovecho me tiempo libre con el mayor de mis desconocidos, conmigo mismo. Porque pongo el corazón me preguntan si estoy bien.

Rubén Perdido

 

EXITO


Meterme en la cama y durar despierto a penas unos minutos, que nada me perturbe, que nada intente hacerme daño, que nada lo consiga. No temer a nadie, no temer por nada. Que pese más la paz que el dolor, la alegría que el llanto. Que sean más poderosas las sonrisas que las amarguras. Vivir sin miedo, caminar al filo de un volcán sin alterar, si quiera un ápice, la velocidad de mi respirar. Saltar sobre una cuerda floja sabiendo que en el abismo nada puede pasarme, nada puede dañarme. Repasar mentalmente todas las cosas que he construido y saber que por muy fuerte que sople el viento no se derrumbarán. También es mirarte y no sentir; devolverte tus cosas, tus maletas, tu espacio y darme un paseo de vuelta, con las manos en los bolsillos sin más que facturar que mi propio corazón. 

Eso es el éxito: saber que todo esta bien, que todo marcha bien sin necesidad de esfuerzos ni arrastres. Sin tener que llegar a cada mañana cansado por cosas del ayer, sin acabar el día amargado por cosas del mañana. Sin preocupaciones por el presente, sin sufrimientos innecesarios.

Rubén Perdido.

 

MAMA


¡Qué injusta es la vida!

Nuestro primer regalo: alguien que nos quiere sin condiciones, que nos desea aún cuando su vida podría ser cómoda caminando sola, que desea a cambio de dolores físicos y en el alma dejar una semilla nueva en el mundo, que nos ama incluso antes de ver cómo somos, que juega a imaginarnos sanos, ingenieros, felices... Y que incluso cuando no es así no pierden un ápice de paciencia en respetar nuestras decisiones y taras. Que nos aguanta si llegamos llorando porque nuestra pareja nos dejó, que nos sostiene si nuestros muros se derrumban, que nunca nos pide nada a cambio. Que nos enseña a reír, a llorar, a gatear, a balbucear, a unir palabras, a hablar: a comunicarnos. Que nos enseña a decir "te quiero" a base de repetírnoslo. Que si nos vienen maldadas se esconde para llorar a solas para que no nos contagiemos, que nos protege con su cuerpo de cualquier dolor. Que daría su sangre si de ello dependiera nuestra vida, que nos daría sus manos si con ellas pudiéramos salir adelante. Que nos lanza al camino y nos pone una hora de vuelta, que nos regaña si hacemos las cosas mal y nos espeta un "te lo dije" si nos equivocamos. Que nos lo da todo a cambio de nada, que con sólo una sonrisa se conforma, que un abrazo recarga sus baterías, que cuando se va haciendo mayor nos usa como bastón, como bastión para dejar su obra bien hecha. Que si nos falta joven nos desgarra el alma, que si nos falla nos desarma, que son las raíces del árbol que llegaremos a ser. Que cuando ella nos falta todo cambia, porque con ella muere el niño que nos negamos a dejar de ser.

¡Y qué injusta es la vida!, que cuando parece que todo toma el rumbo adecuado, cuando encauzamos nuestra vida y cuando parecemos tan adultos como para no necesitarla, para caminar solos nos lo arrebata, lo elimina, se esfuma... Pero tu lección es, además de para purificar tu alma, para que quienes aún tenemos cerca a nuestras "amas" "madres" o "mares" no se nos olvide nunca que debemos agradecerles todo lo que somos, cómo lo somos y porqué lo somos. Ser un tipo grande, no sólo por nuestras proezas sino también por ser capaces de apreciar esa bondad inmensa de una madre y ahora, aunque te falte el órgano que te ha abastecido de oxígeno no se te olvide que ella te dio pulmones para respirar por ti mismo, piernas para seguir caminando, memoria para seguir disfrutando de esas cosas que nos recuerdan a ellas: esos pequeños gestos o palabras que nos paralizan un segundo y nos trae a la mente ese: "esto es de mi madre"
Hoy será un día duro, y serán así todos los días de la madre a partir de ahora pero hay algo que nos demuestra que no hay agua capaz de hundirnos, fuego capaz de quemarnos. Que aquellas madres que nos dieron la vida por muy lejos que estén, siempre nos miran y nos protegen desde lo más alto.